Este fin de semana he vuelto a ver a mi amigo Jan (si, aquel holandés tan simpático del artículo anterior) y acabamos hablando del Reglamento General de Protección de Datos de la UE (GDPR), que será de obligatorio cumplimiento a partir del próximo 25 de mayo.

Yo le decía que la normativa europea había inclinado la balanza del lado del usuario, dándole a éste todo el protagonismo, así frases como:”… el interesado dio su consentimiento para el tratamiento de sus datos…”, “…el responsable deberá ser capaz de demostrar que aquel consintió el tratamiento de sus datos personales.” o “… Será tan fácil retirar el consentimiento como darlo.”, son parte del texto de la ley y no dejan lugar a dudas sobre lo que se pretende: dar al ciudadano mayor control sobre el tratamiento de sus datos personales.

El problema que se suscita es cómo implementar estos requerimientos. Mi amigo Jan, que además de mucho sentido del humor tiene respuestas para todo, me contó una curiosa anécdota:

“En una aldea perdida en las montañas de mi país (recordemos que Jan es holandés y tiene mucho sentido del humor) vivía un labrador muy pobre que tenía dos hijos pequeños de 2 y 3 años. Un día se presentó en su casa un funcionario y le dijo:

– “Buenos días, ¿ qué da usted de comer a sus hijos?, el labrador respondió:

– “Pues depende, generalmente lo mismo que nosotros, ¿por?”

– “Verá usted” – dijo el funcionario –  “Soy funcionario del Departamento de Sanidad Infantil y usted no cumple los requerimientos de dieta idóneos para niños de tan corta edad. Así que sintiéndolo mucho me veo obligado a ponerle una multa de 200 euros”.

El labrador sin entender nada pagó la multa.

Al día siguiente aparece otro funcionario en su casa y le pregunta:

– “Buenos días, ¿usted qué da de comer a sus hijos?”, el labrador que ya había aprendido la lección del día anterior, le responde:

– “Siempre les damos una comida exquisita con productos exclusivos traídos de los lugares más lejanos y exóticos del planeta para que no les falte de nada, ¿por?”

– “Lamento decirle que soy funcionario del Hacienda y lo que me cuenta no se corresponde con los ingresos que usted declara, tengo que ponerle una multa de 500 euros.”

El labrador, paga la multa muy a su pesar.

El tercer día vuelve a aparecer otro funcionario curioso,

– “Buenos días, ¿usted qué da de comer a sus hijos?”, el labrador, absolutamente desesperado y sin saber que contestar para no pagar otra multa, le responde:

– “Mire usted, yo les doy 20 euros a cada uno y ellos se compran lo que quieren”

 

Le digo a Jan que la historia es divertida, pero que no veo la relación con el GDPR. Y él, con muy buen criterio, me dice: “Quizá las empresas deberían hacer lo que dice el labrador, darle poder de decisión a sus clientes, y que sean ellos los que decidan con quién, dónde y cómo compartir su información personal”

Entonces lo veo claro, Biocryptology, es una Plataforma Universal de Gestión de la Identidad que permite a los usuarios tener completo control sobre sus datos personales. De modo que sólo quienes ellos decidan pueden ver y tratar sus datos. Ni siquiera en Biocryptology podemos ver esos datos.

Muchas gracias de nuevo Jan.

¿No sabes quién es Jan? Descúbrelo aquí: Imagina crear la contraseña ideal